Impuesto sobre tenencia vehicular
En días anteriores una amistad me hizo llegar uno de esos correos de cadena que con regular frecuencia surgen en protesta de las medidas del gobierno mexicano. En esta ocasión, la cadena se refiere al Impuesto sobre la Tenencia Vehícular, un gravamen creado en los años 60 con la finalidad de obtener parte del financiamiento de las Olimpiadas de 1968. Se trató de una medida fiscal con caracter perentorio, pero nunca se especificó claramente cuánto tiempo duraría. El caso es que ya va a cumplir los 30 años de existencia, tiempo en el cual el descontento de la población poseedora de vehículos ha sido general. Y es que el impuesto en cuestión atenta contra uno de los derechos fundamentales que es el de la propiedad privada. Cualquier consumidor que compra un automóvil, por ejemplo, paga ciertos impuestos correspondientes a la fiscalización de la cadena productiva, pero en México y sólo en México además para por poseer lo que desde el momento de la adquisición ya no tendría que rendir más cuentas que la depreciación natural del bien en una perspectiva contable. Hace varios años muchos consumidores, contribuyentes y no contribuyentes, se han amparado contra acciones punitivas del gobierno en contra de la evasión de este impuesto por demás absurdo, en el entendido de que su utilidad ya fue no sólo superada sino rebasada. Es decir, ya no existe razón para su cobro, pero legislaturas van y vienen y éste sigue siendo incluido en el presupuesto de ingresos. El presidente Felipe Calderón Hinojosa como tantos otros candidatos antes que él también prometió la desaparición de este impuesto, pero comenzando su sexenio esta promesa ha quedado en el aire. El correo mencionado al comienzo de esta entrega apela a la rebeldía de los ciudadanos e invita a la protesta. Si bien comparto el malestar, no me ciego ante la realidad, y prefiero mover las conciencias de mi gente para que no caiga en la trampa de la desesperanza ni pierdan el sosiego por ignorancia. Quien quiera seguirlo pagando, adelante. Quien quiera dejar de hacerlo con o sin amparo de por medio, adelante. No es la simple oposición la respuesta a este intríngulis. No seamos ilusos. El presupuesto de ingresos ya fue aprobado y no se va a modificar hasta fines de este año. Ni creamos que los diputados van a meterse a hacer cambios como la eliminación de un impuesto y menos en las circunstancias económicas que se avecinan con los problemas del campo (ojo no sólo al maíz, sino al frijol, la papa, el camote, la caña, el azúcar, la miel), ahora que se abre totalmente al mercado libre conforme a lo establecido en el TLC, y con la imperiosa búsqueda de formas alternativas de energía; estas entre otras razones.
Si acaso, podría esperarse la eliminación de este impuesto hacia el 2008 o 2009. No antes. La pauta para esta presunción la tenemos en los impuestos determinados en el presupuesto para el rubro de la industria automotriz, la que está experimentando cambios muy drásticos. Es bueno recordar aquí, que la producción mundial de petróleo está cayendo en picada conforme a los informes de los expertos, y las estimaciones de las reservas petrolíferas mundiales calculan que este energético se terminará entre los años 2010 y 2050. Años que parecen lejanos, pero sólo lo parecen.
Así pues, no extraviemos nuestra atención quemando la pólvora en infiernitos. Hay incendios que reclaman más dedicación y observancia, por el momento.